Exposición Abril/Junio 2018 Inicio Obra reciente Biografía Su Obra Contacto
Monasterios
Libertades
Misticismo
Exposiciones
El Quijote
Patrimonio Nacional
Arte y Belleza
Sus Pintores
Oleos y Lienzos
Juventud
Monografías
Expresionario
Somos Dibujo
Apocalipsis
Cinco Sentidos
Escritos
El Apocalipsis, de Juan Vallejo
Cambiantes y disponibles penetramos en las curvas de la perennidad para ver los mitos de la decrepitud. Encontramos las fuentes secas y las estalagmitas figurando cadáveres de peces y flores. Por aquella fauna esculpida se expandía un olor a yeso y a miel que penetraba en nuestra memoria, haciéndonos preteridad de los musgos y primaveras de Gamonal.

Hombres inacabados predicaban desamparo desde las costuras de su paladar, el cual, enseñaban a través de grandes bostezos que centrifugaban la nieblilla retándola hacia una luciérnaga que por el techo comparecía.

Pusimos nuestros lienzos estirados sobre una superficie plana que calcaba semillas de cereales fósiles, litocálamos y algunas herátulas.

Despertamos los colores entumecidos desde la elipse del tercer milenio. Y comenzamos a pintar.

Se desvelaba la vida que allí, desnuda, latía entre las formas y los caprichos geológicos. Porciones de tierra y sebo untábamos con las manos en los lienzos para que actuara la memoria aquella.

Presentamos las obras a los fosilizados que asentían.

La naturaleza y el hombre se investían de aquella sinergia apenas comenzaban a orearse las pinturas.

Y los de las estalactitas mostraron su envés, el cual se configuraba en el lino y se alimentaba cual si se trasvasara el polen, de la singular litogenesia.

Juan Vallejo
Juan Vallejo
Juan Vallejo
Juan Vallejo Juan Vallejo
LA ÚLTIMA PESCA. Apocalipsis. 2002
Óleo sobre lienzo 190 x 195 cms.
Cuadro perteneciente a C.A.B. (Centro de Arte de Burgos)
Colección Caja de Burgos
El pintor ante "La última pesca". Burgos 2002
Juan Vallejo
Apocalipsis 1993 - 1996. Técnica mixta.
Juan Vallejo
LA CENA DEL AUSENTE
Apocalipsis 2002
Óleo sobre lienzo - 205 x 380 cm.
(Foto del periódico "Gente de Burgos", de junio de 2003)
Juan Vallejo Juan Vallejo
Apocalipsis 2002 - 2003
Técnica mixta sobre papel biblos marfil - 103 x 152 cm.
Juan Vallejo
ANTICRISTOS
Apocalipsis 2000 - 2002
Óleo sobre lienzo - 175 x 70 cm.
Juan Vallejo
Apocalipsis 1976 - 1978
Técnica mixta sobre papel biblos - 25 x 19 cm.
Juan Vallejo Juan Vallejo
Apocalipsis 1976 - 1978
Técnica mixta sobre papel biblos - 25 x 19 cm.
Juan Vallejo Juan Vallejo
Juan Vallejo
Apocalipsis 1973 - 2000
Técnica mixta sobre cartón gris satinado - 62 x 92 cm. y 92 x 62 cm.
JUAN VALLEJO O EL SURREALISMO FILOSÓFICO
      Cuando en la primavera pasada contemplábamos en el palacio de la Lonja la impresionante muestra exhibida de la obra de Juan Vallejo, comprendimos que asistíamos, si no al nacimiento de un artista singular, pues éste había recibido con anterioridad el homenaje del éxito público, ciertamente a su confirmación y definitiva consagración.
Ya entonces nos pasmaron aquellas visiones apocalípticas que tanto impacto causaron en profanos y entendidos, y en las que Vallejo se revelaba como hacedor de un macrocosmos alegórico y atormentado. Eran aquellas obras el cumplido fruto de tres años de trabajo. Era mucho y supo a poco. Galerías de Arte y pueblo llano se esforzaron por hacerse con pinturas de Vallejo. Muchos fueron los compromisos contraídos, las promesas empeñadas y los vínculos establecidos como para no tener que volver enseguida a Zaragoza. Y aquí tenemos nuevamente, en "Leonardo", a este burgalés de pro con otra exhibición de su arte acongojante.
Pero ¿por qué aquel éxito? ¿Qué motivó en abril los viajes de marchantes y particulares a la Lonja zaragozana? ¿Cuál es, en suma, el secreto de la pintura de Vallejo?
Para comprender la obra de este alquimista de ensueños es imprescindible conocer su manera de crear. Llevado de su impulso avasallador, comienza por refugiarse en un monasterio (Cardeña, La Oliva...) so pretexto de realizar en él cualquier mural de los que luego causarán asombro. Pero la secreta realidad del retiro es que el artista necesita la atmósfera de reposo espiritual que brinda el claustro, tanto para realizar la obra encargada, como para plasmar, además, en una serie de lienzos los atisbos de una intensa vida interior, las conclusiones de su apasionada meditación metafísica.
Este baño de espiritualidad, de la que se empapa y chorrean luego los pinceles, es la clave explicativa del exaltado misticismo contenido en los cuadros de Vallejo, quien, como el monje que nos relata en su cantiga el sencillo Berceo, pasa en éxtasis meses y años, ajeno al discurrir del calendario, suspenso en la contemplación de un universo nuevo y distinto, del cual nos da luego testimonio -alucinante, descarnado, premonitorio- en el relato de telas, dibujos sobrecogedores. En algunos cuadros se advierte la prisa enfebrecida por atrapar fantásticas visiones; en otros, la perífrasis consoladora o acusatoria, y en todos la honda preocupación por saturarse en las esencias de una Naturaleza que reintegra al hombre a su condición de criatura de Dios.
El lenguaje empleado por Vallejo está entre la parábola evangélica y la prédica de Savanarola, entre la mística de Esplá y el cine de Bergman, entre la hoguera y el altar, en fin, entre el barco y la esencia divina de la persona. Obra gráfica de un ser pensante, acuciado por la necesidad espiritual de transmitir a sus semejantes el gran secreto entrevisto en un momento de sublimada ascesis.
A pesar de las apariencias, no puede afirmarse que Vallejo sea pintor surrealista en sentido estricto. Cierto que parte de conceptos surrealistas clásicos, entendiendo por tales la ordenación barroca de los elementos del cuadro y el carácter lógico e irreal de las estructuras. Pero aquellos se ven sometidos enseguida a la personal mutación abstractiva impuesta por el temperamento del artista, cuya preocupación filosófica deja sentir su influencia tanto en el aspecto trascendente de una temática escatológica, impregnada de las más puras esencias de la mística castellana, como en el tratamiento concedido de la misma.
Porque luego esta la ejecución de la pintura en sí. La materia de los seres que pueblan este mundo imaginativo se mezcla y superpone en unos magmas densos, auténticos entramados protoplasmáticos, en los que sobre un fondo de caverna platónica pululan en planos rítmicos homúnculos, demoniejos y demás formas larvadas de vida, que entroncan inevitablemente a este pintor por su línea argumental e intenciones con el afán fustigador de aquel viejo gótico moralizante que se llamó Hieronimos Bosch. Observemos que la paleta de Vallejo, se ha dramatizado todavía más, si cabe. Los tonos rosas y azules pálidos, aun subsistiendo, dejan paso al amarillo sulfuroso y a las carnosidades tostadas, en más perfecta armonía con el clima tenso y trágico de esta iconografía de regusto medieval. La elocuencia del óleo no basta en ocasiones para narrar la mágica energía de estos seres en ebullición, viéndose el artista en la necesidad de recurrir a la acuarela, gouache, acrílicos y demás materiales de dicción, que fundidos y alambicados en su retorta bruja, permiten al fin la declamación del poema de eternidad contenido en estos impresionantes retablos.
Este es Juan Vallejo. En el libro que se escriba -necesariamente tiene que escribirse- desentrañando el mensaje criptogramático de su pintura, se hallará contenida la entraña del ser humano, su trascendente ansia de inmortalidad, y la preocupación metafísica por el origen y destino de la persona. Tal es el legado de este artista carismático, obsesionado con los misterios de la muerte y el juicio final, del infierno y de la gloria, que nos ofrecimos en el banquete visual de unas pinturas incomparables.
Textos del crítico Jaime Esaín, escrito para el catálogo de la exposición de Vallejo, celebrada en el mes de diciembre de 1974 en la Galería de Leonardo de Zaragoza.