Vallejo: Una memoria viva
del Expresionismo
- Obras de los años sesenta y setenta -
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Los
prodigiosos dibujos de Vallejo que realizara en sus años
jóvenes, dimanan del entorno en que creciera. Los parajes
incomparables de Gamonal en la posguerra, seguían intactos
por entre los ríos Pico y Vena que ensartaban el pueblo
y sus paisajes. Apenas cuarenta casas componían el lugar
donde crecieran gamones y álamos, encinas y olmos al lado
de choperas interminables que escoltaban los ríos y la
arteria principal que dividía el pueblo y las huertas,
una carretera nacional, la Nº 1, Madrid-Francia. Su retina
absorbió del lugar los colores y las estaciones, los personajes
rurales, los animales, los oficios y la savia agreste que las
grafías de la naturaleza dibujaban su mente. |
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Vallejo inventa nuevas propuestas:
caminos por donde discurrir su fantasía - En su estudio,
1974 |

Anciano, 1970
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Titiriteros,
mendigos, ambulantes, quincalleros, arlequines, procesiones; la
vetusta España que aún sobrevolaba las escuelas
en donde estudiaba su primaria con los aviones que el ejército
alemán prestara a Franco y que se guardaban en el vecino
campo de aviación de Villafría merodeando el pueblo,
rodeados de millares de robles y encinas, hoy esquilmados y pasto
de las industrias contaminantes que aniquilaron los ríos,
cual estigmas de aquellas aciagas cruces gamadas que ornaban las
costuras de bidones de hojalata estirados con que estaban hechos
los junkers. Años que discurrieron pintando en los más
diversos papeles y soportes. Planos de bolsas de legumbres que
se empeñaba en estirar entre las páginas de enormes
libros bíblicos, cuyos colores de sepia y estraza tanto
seducían a Vallejo. Arpilleras tensadas en rústicos
bastidores imprimados con blanco nevil y cola de conejo; sacos
de azúcar y otros cáñamos que servían
para disgregrar los campos, los pájaros y los primeros
seres que jamás abandonarían las retinas del pintor.
Cajas de cartón,
maletas viejas, baúles llenos de dibujos y pequeños
cartones entelados, se almacenaban por el caserón en donde
naciera, en donde aún pinta y conserva los "aromas"
de una tierra que le huyó a Madrid con apenas 17 años.
Sus primeras exposiciones
de juventud, la principal en el Arco de Santa María en
1968, marcaron su expresionismo desde aquellos primeros dibujos
que luego servirían para colmar su magnífico Apocalipsis
o sus series de los Cinco Sentidos; por no hablar de los personajes
últimos de su obra reciente. |
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Arlequín, 1970 |
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Juventud
es sinónimo de dibujo en Juan Vallejo. Ahora, aquellos
tesoros guardados en cajas de zapatos, dibujados con ceras y lápices,
con tintas extrañas que él mismo producía,
con acuarelas increíbles de cuyo magisterio da fe esta
serie que podemos contemplar, se subastan en salas de arte y almonedas
a precios muy considerables, lo que ha hecho de su pintura un
valor en alza en las colecciones particulares.
Podríamos incluir
en su periplo juvenil toda la obra mural del monasterio de Cardeña
en Burgos, donde tuviera estudio a su regreso de Roma en los años
1971-72 y diera rienda suelta a su fabulosa imaginación
en sus famosas monografías.
Lo que él consideraba
meros escorzos, han pasado a ser obras definitivas para los que
han tenido la fortuna de hacerse con alguno de estos trabajos.
Vallejo, siempre ha considerado el dibujo como sus ojos: mira
dibujando. La mano de Durero, su gran pasión, y el magisterio
de Velázquez, su principal maestro, se ven claramente a
través de estos rasgos, de la entraña y las veladuras
que traza, dejando a la forma que libere al contenido, incluso
surte a éste de variaciones que forman un juego que induce
al espectador a incluirse en el asunto.
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Anciano, 1970 |
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Saber detenerse
a tiempo es saber pintar, saber parar y mirar con la serenidad
que le confirieron lugares en donde dejó su huella como
las abadías de Silos, Cardeña, la Oliva, es lo que
se observa en estos trabajos premonitorios.
Vallejo dibuja y desdibuja
en un permanente orgasmo que tira de su alma juvenil hasta lograr
huir a sus personajes a lugares que el frecuentó en su
privilegiada vida de hombre libre, libertad que siempre proclamo
tanto en su vida como en su obra.
Misticismo, serenidad y
trabajo, una tríada que conforma el esternón del
arte, que tira del talento para hacerle útil y necesario
a una pintura incomparable.
Todas las obras que a continuación se reproducen, forman
parte de la colección particular del pintor y reflejan
los primeros pasos hacia el surrealismo filosófico: son
los dibujos-poemas de los años sesenta; otros, sin embargo,
dejan la impronta estremecedora de su mocedad, de un brutal y
a la vez tierno expresionismo que ya anticipara sus personajes
de gran formato en obras como Sísifo, los asuntos en donde
la epopeya enciende sus ojos y las tramas de los Cinco Sentidos.
Algunos de estos dibujos, son costumbristas, enseñan su
vida como si de un film se tratara; miramos la cotidianidad del
pintor a sus 16 o 17 años.
Gamonal, el pueblo que
le nació, ahora populoso barrio de Burgos "Una tierra
insulsa en donde nada germina", dice Vallejo, y sus viajes,
junto a sus primeros escarceos por el Círculo de Bellas
Artes de Madrid, quedan estampados entre los seres y personajes
de estos cuadros. |
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