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Monografías de Juan Vallejo (1963 - 1996) El Quijote de Juan Vallejo
(El Quijote de Vallejo ha sido adquirido por la prestigiosa editorial Siloé, que lo pondrá en circulación fascímil como acostumbra con todos sus extraordinarias ediciones limitadas.)
Juan Vallejo Juan Vallejo
Juan Vallejo       Entre 1963 y 1982, Vallejo penetra en El Quijote hasta escaldar y exiliar los personajes y sueños de la fantástica novela. Forja metatextos y pinta en variadas técnicas seres, nombres y paisajes junto a sus acciones y aventuras hasta lograr auténticas obras de arte dotadas del ingenio que caracterizó a Cervantes. 1325 pinturas y dibujos -la segunda parte del libro está dibujada en tinta sepia-, componen esta odisea que es, sin duda, la incursión más bella que se haya hecho jamás sobre la mejor novela de la literatura española.
Don Quijote y Sancho Panza 2005
Óleo sobre lienzo. 116 x 180 cms.
Exposición El Quijote en la Catedral de Burgos
IV Centenario de la 1ª edición del Quijote
Juan Vallejo
Juan Vallejo
GENTE EN BURGOS - ABRIL 2005
Juan Vallejo
1325 Dibujos en Técnica mixta - 1963 - 1992 - 31 x 28 cms. - Papel Biblos 250 g.
UN CANTO A LA IMAGINACIÓN
      En un lugar del universo, cuyo nombre no quiso reconocer, hace cuatrocientos años que Miguel de Cervantes creó y dio vida al personaje de Don Quijote. Pintóle como un caballero andante, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Añadió a su nombre el de su patria, sin especificar, para que todas las villas manchegas contendiesen por ahijarle como las villas de Grecia por Homero. Salió a disputar batallas contra la vida por hacer justicia, enderezar entuertos, y ser diferente, acompañado por su fiel escudero Sancho Panza, la señora de sus pensamientos, Dulcinea del Toboso, y la cantidad de amigos que proporcionan aventuras y caminos. Su drama fue leer muchos libros de caballerías, hacer en la extraña locura de confundir la realidad con la imaginación, proponer un estilo personal de vida al mundo de los seres humanos.
Este mundo tan rico de ficción y realidad ha embelesado y lo sigue haciendo a los creadores de universos imaginarios: poetas, pintores, músicos... El universo cervantino es tan variado, pintoresco, y unitario que sirve de modelo a quien aspira a crear una obra total.
      El primer Quijote que el pintor Juan Vallejo recuerda haber leído fue la edición escolar que la imprenta Hijos de Santiago Rodríguez popularizó en tiempos de agonía lectora. Las aventuras del caballero andante entraron como un bisturí sano en la retina de Vallejo, le sajó cualquier incipiente catarata, y el mundo se abrió a sus ojos pleno de color, vida y sueño.
Juan Vallejo no puede olvidar que para bien y para mal nació en Burgos. Sólo el Parnaso de los grandes creadores disputará con la villa del Cid Campeador la adopción de este ilustre pintor. Sin duda, Miguel de Cervantes hubiera reclutado a Juan Vallejo entre los buenos poetas en la lucha con los malos el día de la batalla por el Parnaso. El frío de su ciudad natal, el silencio de las mañanas de invierno, la oscuridad de las noches de vela recluyeron al pintor en una torre de marfil rigurosa que le fue moldeando en pintor. Después de unos años de formación a las afueras, en Roma, Zaragoza, Madrid... volvió a internarse en su torre intransferible a pintar, pintar, pintar...
Juan Vallejo
      Don Quijote de la Mancha y los otros caballeros andantes que dieron vida a su imaginación acostumbraban a pasar jornadas de penitencia y ayuno. El famoso caballero de la Mancha se retiró a Sierra Morena junto a Sancho Panza, Rocinante y el rucio de Sancho. Para tales ejercicios espirituales sobra la compañía, por eso Don Quijote envió a Sancho al Toboso a rendir visita a la ilustre señora de sus pensamientos, Dulcinea del Toboso. El caballero rendido de amores le escribe una carta a Sancho para que se la entregue a su encantadora señora. Sancho camina hacia el Toboso sin la carta, pues se le había olvidado en última instancia. En el camino se encontrará con los vecinos de la aldea, el cura y el barbero. Nunca llegará al Toboso, ni hará llegar la mejor carta de amores de la literatura. Al regreso mentirá sobre dicho encargo a Don Quijote. El caballero pillará en trampa a su escudero. Y ambos, para sorpresa del atento lector, se creerán sus propias mentiras: seguirán creyendo en la existencia de Dulcinea y de la caballería andante. Como la vida misma.
A Juan Vallejo la espiritualidad ferviente le llevó al Monasterio de San Pedro Cardeña y al Monasterio de Santo Domingo de Silos, en Burgos. En el primero dibujó una bóveda celestial para privilegio de los monjes que abren su mirada al cielo cada día. En Silos, cuando el Monasterio era lugar de retirada espiritual sin luz y taquígrafos, pintó Sileuros.
      El amor por la pintura se contagió de una dimensión divina que recuerda a María Zambrano, Dulcinea de la filosofía y la poesía, para quien lo divino existe en el ser humano por encima de otros condicionamientos ideológicos. El mensaje de amor de Juan Vallejo llega a los visitantes que acuden a ver su pintura sin intermediarios.
En el imaginario colectivo el Quijote es, sobre todo la lucha del loco protagonista contra los molinos de viento. Esos molinos de viento, como gigantes, simbolizan una fuerza superior en el teatro de la vida. Y Cervantes conoció muchos gigantes, según se desprende de su biografía. Es posible que los gigantes más poderosos a los que se enfrentó fueran la justicia, que lo encarceló varias veces, el amor, por el que tuvo que huir a Italia, y la literatura, la mala porque le sazonaba, y la buena, Lope de Vega, porque era el rival de un disputado combate. En campo de la poesía Lope ganó la partida. En terreno del teatro Lope también venció. En popularidad se ganó el apelativo de 'monstruo de la naturaleza'. En lo más variado protagonizó el dicho 'es de Lope' para indicar garantía de calidad. Pero a veces los soñadores ganan y su triunfo se engrandece. Cervantes inventó la novela y nadie, ni siquiera Lope, pudo disputárselo.
Juan Vallejo
      A Juan Vallejo también le han salido gigantes al paso de su carrera como pintor. Limpias las armas del pincel, el dibujo, y la palabra entabló una extenuante batalla contra el silencio. Luego apareció el duende de la censura, enemigo del silencio, y Vallejo emitió un bisbiseo que se fue haciendo ensordecedor. La censura y el silencio se debilitaron entre sí para mayor fortuna de quien buscaba el buen nombre de su arte. Y luego los golpes bajos que da la vida: el padre, el hermano, la madre...
      Después de muchos años pintando, la torre de marfil se ha erigido como un faro que guía en el silencio y la oscuridad. El pintor se refugia en el universo mágico en demanda de paz del espíritu. Un lugar parecido al que se recoge Don Quijote y sus amigos en las ventas, al calor de la compañía y la conversación. A Don Quijote le llevan engañado a la aldea, a buscarle la protección del ama y la sobrina, quienes no entienden de poner en riesgo la vida por la dignidad de vivirla.
      Quedan muchos años por terminar esta historia. Don Quijote, Sancho Panza, Miguel de Cervantes, Juan Vallejo han visto sus nombres impresos en letra de molde, donde quienes aspiran a la fama inscriben su petición. Los personajes de ficción del novelista alcalaíno preguntan a los lectores sobre lo que se ha escrito de ellos. Expresan sin falsas modestias la emoción que les produce ser reconocidos allá donde acuden. Juan Vallejo ha inscrito su nombre de artista en el diccionario norteamericano de las artes llamado Who´s who?, adonde sólo paran los buenos de verdad.
Las cosas no son fáciles, sin embargo. Un apócrifo Avellaneda ha publicado la continuación de las aventuras de Don Quijote. Ha fusilado la creación artística de Miguel de Cervantes, en la cual había empleado cerca de catorce años (1591-1605). Esa humillación debe repararla con firmeza y templanza. Para ello apresura la redacción de la segunda parte del Quijote. La culmina felizmente diez años después de publicar la primera, un año después de la traición del falso Avellaneda
Juan Vallejo
Exposición del Quijote - 1972
Diario "The Sun"
      Un bachiller llamado Sansón Carrasco entra en la ficción de Don Quijote, la única manera de obligarle a entrar en razones. Le reta como si fuera otro caballero andante y acuerdan imponer la voluntad del vencedor. El primer combate lo gana Don Quijote e impone su voluntad de ofrecer la victoria a su dueña del alma. El segundo, varios capítulos después, lo gana el bachiller. Le impone asumir la derrota y regresar a su aldea. Don Quijote acepta la obligación.
Maravillado por la historia de Don Quijote y Sancho Panza, el pintor Juan Vallejo presentó su particular recreación de la novela de Miguel de Cervantes en 1992, en los locales de la extinta Antena 3 Radio. Vallejo también vivió como un sueño las andanzas de los dos vecinos de la aldea. La vida propia de la novela es una preciosa fabulación de la vida misma. Por eso son millones los lectores de esta inspiración divina cuya interpretación de todo lo escrito sigue dejando millones de sugerencias.
A partir de aquella presentación Juan Vallejo se quedó entre nosotros. Saltó al ruedo a encabezar la lucha por la supervivencia de un periódico, Diario 16 Burgos. Esgrimió la defensa del patrimonio histórico-cultural para exigir la conservación de la Catedral a la autoridad competente. Se comprometió con la defensa de los Derechos Humanos en todos los rincones del universo. Todo ello por dignificar la existencia humana.
La aventura de Don Quijote de la Mancha continúa en la vida de los hombres.
Vale.
Eduardo Munguía García
Doctor en Filología Hispánica
Cervantista y editor de Gran Vía
Juan Vallejo
TARJETAS CONMEMOTATIVAS DE IV CENTENARIO DE "EL QUIJOTE"
Juan Vallejo Juan Vallejo